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Mostrando entradas de marzo, 2024

Ana María Matute: El ausente

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  Ana María Matute: El ausente Ana María Matute Foto: Bestialectora Por la noche discutieron. Se acostaron llenos de rencor el uno hacia el otro. Era frecuente eso, sobre todo en los últimos tiempos. Todos sabían en el pueblo —y sobre todo María Laureana, su vecina— que eran un matrimonio mal avenido. Esto, quizá, la amargaba más. «Quémese la casa y no salga el humo», se decía ella, despierta, vuelta de cara a la pared. Le daba a él la espalda, deliberada, ostentosamente. También el cuerpo de él parecía escurrirse como una anguila hacia el borde opuesto de la cama. «Se caerá al suelo», se dijo, en más de un momento. Luego, oyó sus ronquidos y su rencor se acentuó. «Así es. Un salvaje, un bruto. No tiene sentimientos». En cambio ella, despierta. Despierta y de cara a aquella pared encalada, voluntariamente encerrada. Era desgraciada. Sí: no había por qué negarlo, allí en su intimidad. Era desgraciada, y pagaba su culpa de haberse casado sin amor. Su madre (una mujer sencilla, una ca...

Ana María Matute: El incendio

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  Ana María Matute: El incendio Ana María Matute Foto: Bestialectora Cuando apenas contaba cinco años destinaron a su padre a Pedrerías, y allí continuaba aún. Pedrerías era una aldea de piedra rojiza, en las estribaciones de la sierra, más allá de los pinares: al pie de las grandes rocas horadadas por cuevas de grajos y cuervos, con extraños gritos repitiéndose en las horas calmas de la siesta; como aplastada por un cielo espeso, apenas sin nubes, de un azul cegador. Pedrerías era una tierra alejada, distinta, bajo los roquedales que por la tarde cobraban un tono amedrentado, bañados de oro y luces que huían. En la lejanía del camino había unos chopos delgados y altos, que, a aquella hora, le hacían soñar. Pero su sueño era un sueño sobresaltado, como el lejano galope de los caballos o como el fragor del río en el deshielo, amanecida la primavera. Pedrerías aparecía entonces a sus ojos como una tierra sorda, sembrada de muelas. Y le venían los sueños como un dolor incontenible: hi...

Ana María Matute: La conciencia

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  Ana María Matute: La conciencia Ana María Matute Foto: Bestialectora Ya no podía más. Estaba convencida de que no podría resistir más tiempo la presencia de aquel odioso vagabundo. Estaba decidida a terminar. Acabar de una vez, por malo que fuera, antes que soportar su tiranía. Llevaba cerca de quince días en aquella lucha. Lo que no comprendía era la tolerancia de Antonio para con aquel hombre. No: verdaderamente, era extraño. El vagabundo pidió hospitalidad por una noche: la noche del miércoles de Ceniza, exactamente, cuando se batía el viento arrastrando un polvo negruzco, arremolinado, que azotaba los vidrios de las ventanas con un crujido reseco. Luego, el viento cesó. Llegó una calma extraña a la tierra, y ella pensó, mientras cerraba y ajustaba los postigos: —No me gusta esta calma. Efectivamente, no había echado aún el pasador de la puerta cuando llegó aquel hombre. Oyó su llamada sonando atrás, en la puertecilla de la cocina: —Posadera… Mariana tuvo un sobresalto. El hom...

Mary Shelley: El mortal inmortal

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  Mary Shelley: El mortal inmortal Mary Shelley Foto: Bi.Org 16 de julio de 1833… He aquí una fecha de aniversario memorable para mí. ¡Ese día cumplo trescientos veintitrés años de edad! ¿El Judío Errante? Por supuesto que no. Más de dieciocho siglos han pasado sobre su cabeza. En comparación con él, soy un Inmortal muy joven. ¿Soy yo, por tanto, inmortal? Ésta es una pregunta que he estado haciéndome a mí mismo día y noche, durante trescientos tres años, sin poder contestarla todavía. Precisamente hoy he detectado un cabello grisáceo entre mis rizos oscuros… esto sin duda significa decadencia. Pero puede que ese cabello haya permanecido oculto entre mis rizos durante trescientos años… Aunque lo cierto es que algunas personas tienen el pelo totalmente blanco antes de cumplir los veinte años. Contaré mi historia y el lector juzgará por mí. Contaré mi historia, y esto me ayudará a sobrellevar esa larga eternidad que se ha convertido en una aburrida pesadilla. ¡Para siempre! ¿Puede se...